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De París, de momentos, de lugares.

Posted in Uncategorized on noviembre 19, 2015 by pintu1303

A estas alturas ya se ha dicho todo sobre el trágico ataque terrorista que sufrió París la noche del 13 de noviembre. O mejor dicho, parece que se ha dicho ya todo aunque en su mayor parte haya sido ruido, ruido y ruido. Ya ha aparecido en escena la Mutawa de las redes sociales, los que te reprochan vehementemente que no te importan los muertos no occidentales. Éstos se dividen entre los de la verdadera izquierda que no dejan pasar una para que te quede claro que son mejores personas que tú y los oportunistas, esos tipos que en cuatro años no has visto jamás que les preocupará Siria y el día después de los atentados están contando en Facebook muertos de Siria, Nigeria, Kuala Lumpur, Narnia y la Tierra Media.

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Ya han vendido su mierda habitual los que aprovechan cualquier cosa para colarte lo suyo. Si son ateos proclamarán con ira el exterminio de las religiones aunque la mayor parte las personas creyentes no hayan matado una mosca en su vida. Si son feministas (y mira que yo lo soy) aprovecharán que el Sena pasa por París para culpar a la violenta masculinidad. Si son de la izquierda progre, beatífica y de pañuelo palestino colgado al cuello (y yo tengo no uno, sino cinco) le echarán la culpa al malvado Occidente porque los orientales, criaturitas, son incapaces de nada si no les inoculan el veneno desde Estados Unidos y Europa. Y no es que es el Islam no importe para explicar un terrorismo que es fundamentalista ni que sea incierto que los hombres matan más ni que Occidente no haya cometido múltiples y vergonzantes crímenes respecto al Tercer Mundo, es que ellos adhieren un hecho, en este caso París, a una idea prefijada ya en su mente. Una forma falaz y errónea de tener razón.

Por supuesto, no han faltado los que ya saben cómo solucionar este problemilla del Estado Islámico. A bombas, claro. Igual tendrían problemas para situar Siria o Jordania o Yemen en un mapa pero hay que tirar cuatro bombas y a tomar por culo que a Hitler no se le derrotó con florecitas, mariquitas. Arreglan Siria en diez minutos entre caña y caña o en cinco tuits con muchos RTS y favoritos (o corazoncitos o como carajo se llamen ahora). Con la tranquilidad de que no van a ser ellos quienes van a meterse en un avispero como es ahora mismo Oriente Medio. Con la tranquilidad de saber que no van a ser ellos ni sus hijos los daños colaterales de una intervención militar. Y quizá, yo no lo sé, no tengo ni puta idea, la guerra contra ISIS, el uso de la fuerza es el único medio posible ahora mismo para acabar con esos miserables. La vida es una mierda y pesar de me que chirría el argumento Godwin soy consciente de que las florecitas no solucionan nada. No obstante, no deja de asustarme tanta avidez de bombas cuando ni siquiera se habían secado los charcos de sangre del Bataclan.

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Pero el problema no son todas estas cosas. Son opiniones, se debaten. Somos seres inteligentes y debemos aportar a nuestros semejantes y que ellos nos aporten. Conocimientos, puntos de vista, matices. Es bueno y sano. Pero no ahora. Incluido este post (ya lo siento) sobra. Sobra tu mierda, tu culpa a Occidente, tu ideología feminista, cuando los cadáveres todavía están calientes. No es momento ni lugar.Sobra, no entras en un tanatorio a gritos vendiendo tus proclamas. Pues con esto pasa lo mismo.  Ni siquiera este post, vuelvo a repetir, es apropiado. Es tiempo de callar, de mostrar respeto a las víctimas, de guardar luto, de abrazar y de querer. Ya opinaremos sobre si hay que hacer asa o así, hay todo el tiempo del mundo para eso. Ahora deberíamos optar por los crespones negros y el silencio.

Te prefiero como amigo.

Posted in Uncategorized on noviembre 3, 2015 by pintu1303

No puede haber negros esclavos sin amos blancos. No puede haber machismo sin que los hombre se beneficien de la discriminación de las mujeres. Aunque no sea su intención o aunque, tú, ser masculino que me lee, no tenga la culpa de nada. Es cierto que los roles de género también pesan a los hombres, que algo tendrá que ver esa insistencia en que no lloren con los índices de suicidios de tíos y que tampoco pueden comprarse camisetas rosas o apuntarse a ballet sin que les miren raro pero tienen mejores puestos laborales, viven más seguros y no soportan los niveles de presión estética o sobre su sexualidad que aguantamos nosotras. Ese “beneficio” se da al mismo tiempo que están continuamente relacionándose con nosotras. Nadie convive tan estrechamente con el colectivo discriminado como lo hacen los hombres con las mujeres. Son nuestros amigos, jefes, compañeros, amantes, hijos, maridos, novios. Un hombre puede morir sin tener que convivir estrechamente con un musulmán o un gay, pero tendrá que hacerlo sí o sí con mujeres. Yo quiero un feminismo que integre e incluya a los hombres. Pero es que quieras o no, no queda otro remedio. Y como no queda otro remedio y como creo que toda persona que no sea un mierda debe ser feminista necesitamos que hombres y mujeres sean aliados en el feminismo.

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Sé lo irritante que puede llegar a ser considerarte feminista y exclamarlo. Tanto en la vida “real”  como en Internet. Tienes que soportar desde cuñadeces hasta directamente el insulto y el acoso. También estoy totalmente en contra de hacer de pedagoga de nadie (al menos, gratis). Hay bibliotecas públicas. Y existe Google. Yo no voy a perder el tiempo en hablarte de la Segunda Ola cuando sólo vienes a mi timeline a soltar la primera tontada que se te ocurra. No tengo ni tiempo ni paciencia. Pero no voy a tratar nunca a los hombres como enemigos, no voy a estar constantemente enfadada con ellos. Estoy totalmente dispuesta a debatir y escuchar a cualquier hombre inteligente que quiera aportar algo al feminismo. Lucharé como sea posible para que los hombres encuentren su hueco dentro del movimiento, para que nos apoyen y luchen con nosotras. Para que sean nuestros aliados.

Pero no podrán ser nuestros aliados sin su propia colaboración y apoyo. Y apoyo y colaboración no es encabezar una manifestación con un megáfono gritando “nosotras parimos, nosotras decidimos”, qué vas a parir tú, hijo mío, si tienes pene, PE NE. Tampoco es explicarle a una mujer lo que es machismo sin escuchar siquiera lo que ella tenga que decir. A lo mejor que ella tenga tetas, TE TAS, y tú, PE NE, adquiere un matiz importante a la hora de percibir el machismo. Tampoco es apoyo venir con cuñadeces cuando ella te está explicando la indefensión aprendida. De verdad, en la barra del bar Manolo se comen unos calamares de muerte pero no saben sobre violencia de género. No, las mujeres maltratadas no son tontas que aguantan ni los hombres son encarcelados masivamente por la palabra de una bruja ni machismo ni feminismo es lo mismo. Déjate de bobadas, cómete los calamares y escucha a las mujeres, o a las víctimas, por una puñetera vez en tu vida.

El apoyo y la colaboración de hombres y mujeres feministas se basa en escuchar, aprender y debatir. Desde el respeto y desde la igualdad. Se basa en querernos como amigos y luchar entre todos contra la discriminación. En dar y recibir. En enseñar y aprender. En una negociación entre iguales por el bien común. Sin una alianza común la igualdad es una quimera.

Las tías guays.

Posted in Uncategorized on octubre 27, 2015 by pintu1303

Yo he sido una chica guay. O mejor dicho, me creía una chica guay. Una chica guay, diferente, nocomolasdemastías. Supongo que por eso y porque hace relativamente poco que me di cuenta del tremendo error y la terrible misoginia que ese concepto esconde que me gusta tanto el personaje de Amy Dunne de Gone Girl. En especial, claro está, el fragmento donde define con justa ironía y un sutil pero encantador desprecio el concepto de tía guay. Ahora estoy leyendo la novela y no sólo mi cariño por Amy sigue intacto sino que ha aumentado considerablemente. En parte porque la novela confirma que Nick Dunne es un completo gilipollas. Pero ya hablaremos más adelante de Nick y los completos gilipollas en otra ocasión.

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Yo me creía una tía guay porque creía hacer cosas especiales que me diferenciaban de otras mujeres. Y eso me hacía, pensaba yo, en una mujer de la que sí valía la pena enamorarse. La perfecta compañera esperando a hacer feliz al macho. Yo veía fútbol. Yo bebía cerveza sin complejos. Yo decía tacos. Yo hablaba de sexo sin tapujos, con espontaneidad, qué liberada estoy, mírame, hazme caso, no tengo nada que ver con esas remilgadas, pijas y repipis pibas que te han rayado, tío. Yo no me enfado si sales con amigos, yo no rechisto, ni te monto pollos, ni te pongo de morros ni te voy a meter en el Zara un sábado a las cinco de la tarde. Yo…yo estoy dispuesta a hacer todo por ti y tú, por tu parte, puedes hacer lo que te venga en gana. Umm. Algo falla. Parece visto con la perspectiva de los años un desesperado y mediocre intento de pedir casito. Efectivamente, lo es. Con los años, obviamente me han seguido gustando todas esas cosas que yo creía que me hacían especial. Sigo ciscándome en el Altísimo más veces de lo que la educación recomienda, no me supone ningún problema hablar de sexo y sigo considerando el fútbol como mi pasión absoluta por encima de todas las cosas materiales. Pero la perspectiva feminista y quizá un poquito de madurez me han hecho darme cuenta que esas cosas no me hacen más especial que nadie y que no hay absolutamente nada de malo en ser una tía que odia el fútbol, no bebe alcohol y se comporta como una dama. Que no hay nada malo en la feminidad ni hay nada especial en la masculinidad es especial ni zarandajas de ese tipo. Y que una pareja es una negociación entre iguales y no, no me voy a cabrear porque salgas con tus amigos (¡Sólo faltaría!) pero a ti, querido, te va a tocar algún sábado, no en el Zara que es un horror, pero igual sí en el H&M. Lo siento, amigo.

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Ese deseo de desmarcarse de otros mujeres esconde una sutil misoginia. Nos han inculcado inconscientemente que lo femenino es un coñazo y lo masculino es cojonudo y esta utlización de adjetivos por mi parte es totalmente adrede. El fútbol mola porque es un deporte muy divertido que arrastra un fenómeno social a su alrededor realmente fascinante. No debería molar porque se asocie tradicionalmente a los tíos. Y Crepúsculo, los grupos para quinceañeras tipo One Direction, las novelitas de Federico Moccia y demás productos comerciales que parecen destinados a mujeres son el mismo fenómeno de masas que otros productos de no muy excelsa calidad pero que no son tan despreciados masivamente porque, claro,  no se destinan para chicas. Que ya está bien de catalogar con condescendencia y desprecio “las cosas de chicas”. De considerar que nuestros deseos, necesidades y problemas en una relación son cosas de locas del coño, rarezas o ganas de complicarse la vida. De considerarnos ininteligibles cuando solo somos personas tan complejas en nuestra forma de ser, fascinantes, porque no somos máquinas, no somos pusilánimes. Somos seres humanos llenos de matices y sentimientos difíciles a veces de descifrar, pero buenos y necesarios. No somos un teorema irresoluble. Tampoco ellos son simples, banales,ni demás tonterías tópicas promovidas por el imaginario colectivo pero absolutamente insultantes para la inteligencia a estas alturas de la vida.  Somos y debemos ser unas tías guays pero es hora de cambiar el cómo serlo.

PD: Tenéis que ver Perdida. Tenéis que leer la novela, escrita por Gillian Flynn, una mujer. Tenéis que amar a Amy Dunne. Adorad a Amy Dunne.

Nada es machismo.

Posted in Uncategorized on octubre 1, 2015 by pintu1303

La edición de EL MUNDO de este pasado miércoles incluía una larga entrevista a Inés Arrimadas, candidata de Ciudadanos en Cataluña. En teoría, las declaraciones eran bastante interesantes en un momento clave de las relaciones entre España y Cataluña y tras los excelentes resultados conseguidos por el partido pero nada de eso atrajo la atención de nuestras  cada vez menos queridas e inflamables redes sociales sino la fotografía que acompañaba el texto interior. Los responsables de EL MUNDO se levantaron originales y artísticos y pensaron que una metáfora sobre que Inés era una simple marioneta en manos del divino líder, Albert Rivera, era lo más apropiado para la entrevista. Y no se les ocurrió otra cosa que, para sutilmente indicar dicho hecho al lector, cortar la cabeza de Arrimadas en la foto de manera que sólo salía su tronco (con el pecho, casualmente, en primer y destacado término) y atrás, en segundo plano, la foto del líder liderísimo. Ya la habrán visto hasta en Tegucigalpa pero la podéis ver aquí.

EL MUNDO explicó su intención a la hora de publicar dicha foto. Explicación que se puede leer en el anterior link. No dudo de las nobles intenciones del periódico. Suelo pensar, loca de mí, lo mejor antes de lo peor, pero a pesar de esas explicaciones a la gente, que se enfada por todo, le pareció un poco feo eso de cortar la cabeza a la entrevistada. Y dentro de la gente, las feministas, que entre denuncias falsas y castración de machos, nos aburrimos, nos pareció que la foto tenía un cariz machista desagradable. La objetificación sexual de la mujer es práctica habitual, no sólo en publicidad, también en toda la cultura popular. Y una de las herramientas para dicha cosificación es prescindir del rostro para despersonalizar a la mujer, convirtiéndola en un objeto para uso y disfrute. Del macho, claro. Aquí, aquí y aquí lo explican mejor que yo.

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No se trata de tener razón por ovarios. Nadie tiene razón porque sí. Es más, hay hechos que simplemente carecen de razón absoluta. Son opinables. En los anteriores links están los argumentos que explican porque yo creo que la foto tenía tufo machista. Las feministas no tenemos siempre la razón ni muchísimo menos. Las feministas nos quejamos como se queja todo el mundo. El tema es que nos quejamos del machismo en vez de hacerlo de temas fundamentales para la vida humana como la persecución de la prensa a Mourinho o lo que llueve en Madrid. Las feministas no pensamos todas lo mismo. Ni la Barbie, ni yo, ni menganita de turno son la líderes de nadie y el faro del feminismo. Hay muchas e interesantes opiniones y corrientes dentro del feminismo. La frivolización o la radicalización pueden afectar seriamente al movimiento e incluso alejarnos de mujeres que necesitan la lucha feminista más que nunca. Tú no puedes ir a mi barrio a hablar con las cajeras, las dependientas, tratándolas de alienadas por ser monógamas, por ejemplo., Sobre esto ya hablé aquí.

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Pero no tener razón en una tema o en una ocasión no invalida tu discurso general. No convierte ese discurso en equivocado. El problema es la sensación de que NUNCA, NADA ES MACHISMO, NUNCA. De que SIEMPRE estamos equivocadas. Lo de Arrimadas es una metáfora, el catcalling es falta de educación o “ej que son pesaos”, los insultos a mujeres por enseñar el pecho en Instagram tampoco es machismo, es casito, como casito es hacer un blog para ayudar contra los abusos sexuales y tener que acabar cerrando tu cuenta de Twitter. Todo esto verídico eh. Nada es machismo, todo se basa en que estamos locas, exageramos y somos un objeto de mofa y ridiculización. Machismo son sólo las mujeres asesinadas por su parejas o ex parejas, el violador del callejón (el amigo que te fuerza, no, eso es que tú querías y si no, no haber ido con él, guarra) y bueno, las cosas que hacen los moros allá lejos, que los españoles somos muy feministas que las mujeres van sin velo. Y como las mujeres asesinadas lo son por cuatro locos y un poquito porque se habían quedado con la casa, el niño, el coche, el perro, el Monopoly y el Plus, pues, nada, oye, que el machismo es de antes. Y de los moros. Y vivimos en nuestro mundo de piruleta y las feministas están locas. Para qué preguntar por qué se trata a una novia como objeto en un mundo constantemente bombardeado por imágenes y mensajes icónicos que cosifican mujeres, Para qué.

PD: ¿No os resulta familiar el “no es machismo, es mala educación” al “no es racismo, es que los gitanos no se integran”?

La Gran Polla Blanca Heterosexual

Posted in Uncategorized on agosto 11, 2015 by pintu1303

Los hombres dominan la economía, la política, el deporte o Hollywood. . El mundo lo domina el hombre. Preferentemente blanco. Preferentemente heterosexual. El mundo gira alrededor de la Gran Polla Blanca Heterosexual. Es un hecho, el patriarcado existe y manda. NO es una opinión, NO es debatible, como no es debatible la gravedad o la eficacia de las vacunas. NO. Hechos ocasionales no marcan tendencia. Y la tendencia en este mundo es que ser hombre blanco heterosexual es una ventaja. Y no, hombre blanco heterosexual que me está leyendo, lee cuentos a sus hijas, dona dinero a Greenpeace y es una excelente persona, usted no tiene la culpa pero le parezca bien, regular o mal usted parte con ventaja respecto a otras personas en muchísimas situaciones.

Hace unos meses discutí sobre lo adecuado del termino privilegio para explicar porque en el patriarcado ser hombre es más ventajoso que ser mujer. Me dijeron, no sin razón, que los derechos no son privilegios y que si una mujer por el hecho de serlo ve menoscabados dichos derechos, no significa que el disfrute de ellos por parte del hombre sea un privilegio sino lo justo, justicia que le han arrebatado a la mujer. Puede ser. Por lo menos esto si es un tema para debatir.

Llamémoslo privilegio o ausencia de perjuicio, lo cierto es que un hombre no es discriminado por ser hombre igual que a mí no me discriminan por ser blanca y tampoco lo hacen por ser heterosexual. Todo esto viene a que tiene que ser guay ser tío. Lo digo en serio. No te insultan por follar, por mostrar tu cuerpo ni denigran tu sexualidad por llevar la contraria (que levante la mano la tía a la que no le han llamado puta por, yo qué sé, opinar distinto a uno en un foro de bricolaje), ganas más, no tienes que decidir entre familia y trabajo, nadie te mirará mal te cojas la baja por paternidad o no, puedes vestirte como quieras sin ser juzgado, te toman mucho más en serio hablando de fútbol (y te dejan ser lo groupie que quieras sin que te llamen mojacalzoncillos), puedes pasear de noche por callejones sin mirar atrás o pillar un taxi. Mola. No lo vayamos a negar. Además, tienen pene y el pene es una cosa que es estupenda toda ella.

Por todo esto me extraña, me deja perpleja, me flipa, me alucina, tronco, te lo juro, como molando ser tío, y como no sufriendo lo que tienen que sufrir mujeres, negros, gitanos, gays, etc hay tanto tío que lleva fatal que una mujer en Twitter con 1000, 5000 o 9000 seguidores se ponga a contar sus experiencias con el machismo. Algunas realmente desagradables. Ante esas confesiones, ante la visibilidad de la violencia machista, surgen como pequeños trolls gruñones multitud de hombres con el mismo idéntico argumentario:

-Not All Men

-Sois unas exageradas

-Lo vuestro no es feminismo, es hembrismo

-Yo no creo en machismo ni en feminismo, creo en la igualdad

-¿Y LOS HOMBRES QUÉ? (esto me lo imagino que lo hacen tecleando muy fuerte, con los puñitos apretados y sacando la lengua)

Y bla, bla,  y etc, etc. Por no hablar de los que directamente no te creen y punto en boca que su polla tiene la verdad absoluta o los que te insultan (no soy machista pero te llamo puta porque tengo unos cojones así de grandes). Lo primero que una piensa es que a pesar de que la mayor parte de nuestra cultura popular hace un masivo caso a las necesidades masculinas están desesperadamente faltos de casito. Que tienen que ser el muerto en el entierro y la novia en la boda, vaya.  Tú te pasas la vida haciendo el test de Bechdel, que no es la panacea pero te da una idea del ninguneo a lo femenino, y te cuesta encontrar pelis que lo cumplan y ellos no pueden soportar que una chica con 500 followers hablé del tío que la atizo y no de que a ellos les dejo una novia en la guardería.

Pero lo verdaderamente inquietante es cuando esa total falta de empatía, ese egoísmo, es griterío loco sin pararse a  escuchar un momento no es troleo, ni déficit de atención, ni simple tontería. Cuántos simplemente quieren que te callen, que nos callemos, para seguir actuando con impunidad. La violencia contra la mujer es sistemática y estructural. Muchas mujeres hemos sufrido algún episodio de violencia y acoso y esa violencia ha tenido que ser ejercida por alguien. Y quizá son todos esos troles de internet. Quizá los flames están llenos de potenciales maltratadores o acosadores que te insultan por internet y luego se van a recoger a la novia a la que acabarán poniendo un ojo morado. El monstruo vive al lado tuyo y tiene el aspecto que una persona. Otro día tenemos que abrir esa puerta. La puerta que dirige al monstruo. Es bastante probable que la tengas al lado.

Mi rol es más guay que el tuyo

Posted in Uncategorized on agosto 5, 2015 by pintu1303

En medio de una discusión cualquiera de las miles que suceden cada día en Twitter ha llegado a mi timeline un meme feminista que me ha molestado bastante. A mí,  que voy hablando de mi activismo feminista a todo humano, bicho o planta con el que me cruzo. Y me ha sentado tan mal como cualquier machistada que tenemos que aguantar en nuestra a veces querida, a veces no, red social. El meme pone de ejemplo pintarse los labios como podía haber dicho que no es feminista depilarse, llevar tacones, ser monógama, ser fiel o cualquier otro aspecto que se haya utilizado para imponernos un modelo de comportamiento a las mujeres. Ante eso, cierto sector del feminismo ha decidido que la solución es desterrar totalmente esos aspectos e imponernos (si, jamás te lo admitirán pero lo imponen) otro modelo sólo que esta vez el rol es totalmente contrario.

El meme.

Una barra de labios como los tacones o la monogamia no son de por si machistas. Lo que es machista es la imposición de que una mujer debe llevar los labios pintados para ser una verdadera mujer que debe ser guapa y sexy. Y guapa y sexy de la manera que el heteropatriarcado nos ha impuesto durante décadas. Y ese rol va desde los labios rojos a la delgadez o a los tacones. Correcto.  Creo que cualquier feminista está de acuerdo en desterrar esos roles y en defender a muerte que cualquier mujer pueda renunciar a maquillarse o depilarse sin ser juzgada socialmente por ello. El problema es  cuando tú decides libremente que te apetece seguir pintándote los morros de color rojo y te quitan el carné de feminista por ello. Y sí, vuelvo a repetir, por mucho que lo nieguen cierto sector está decidido a considerar aspectos estéticos como la no depilación, por ejemplo, como el único y  verdadero feminismo y te hacen sentir tonta, alienada y humillada porque has decidido seguir dándole a la epilady.

¿Has decidido libremente ponerte tacones? Evidentemente, no, vives en una sociedad con unos modelos y una cultura que se ha ido imponiendo durante años de manera continua y sutil. Pero nadie es totalmente libre y ninguna feminista lo es, ni por la parte de lo que el heteropatriarcado impone ni tampoco es totalmente libre en su lucha contra ese sistema pues es influida por otras personas y otros pensamientos. Ninguno somos más listos que nadie y todos formamos nuestro carácter en base a nuestra experiencia y nuestro entorno.

Hace unos meses me compré por primera vez una barra de labios de color rojo que se ha convertido en mi favorita. Antes es probable que tuviera alguna pero o bien porque venía en algún estuche de maquillaje o bien porque alguien me la regalase. Lo de pintarme los labios de rojo para mí era tan improbable como vestirme de payasa y ponerme a bailar la lambada en la Plaza Mayor.  Tampoco me maquillaba tanto como ahora, ni me arreglaba tanto en cuanto a la vestimenta ni, y esto puede que no esté tan mal del todo, me gastaba el dinero que me gastó en lencería. Tampoco me consideraba una feminista enfervorizada. Es decir, creía en la igualdad, me parecía malfatal el maltrato y el abuso sexual pero no iba más allá, era muy cuñada y me ponía de parte de la RAE sin contemplaciones en el tema del lenguaje inclusivo. Por ejemplo, Y la verdad es que el estereotipo de mujer descuidada y poco femenina que tenemos las feministas lo tenía entonces cuando no presumía de feminismo. Ahora es cuando me pinto los labios de rojo, me pongo el vestido corto o escotado que me apetece y me cuido las uñas hasta la extenuación. Y lo hago en gran parte porque he dejado o mejor dicho estoy intentando dejar, por fin, todos los complejos de niña fea que he arrastrado toda mi vida. De quitarme los complejos de las quince mil imperfecciones que tengo en mi cuerpo. De quitarme de la cabeza que el lápiz de labios rojo estaba hecho para labios carnosos de mujeres voluptuosas y que yo con un brillo discretito iba que espabilaba. Y eso lo he conseguido gracias al feminismo, que, entre otras, me ha enseñado a quererme, a disfrutar de mi cuerpo y no obsesionarme si no cumple el rol establecido. ¿Cómo no va a ser para mi feminista maquillarme la boca? ¿Cómo no voy a sentirme ofendida si pretenden imponerme otro rol que me quite parte de mi seguridad en mi misma? ¿Qué feminismo es ese que considera que no es feminista algo que he hecho gracias al feminismo?

El feminismo es ante todo, libertad. Liberta para dejarte pelo en las áxilas pero también para que puedas seguir llevando escote. Libertad para que puedas tener relaciones sexuales con quien quieras y cómo quieras. Ya sean cinco o sea una sola persona dentro de una relación monógama. Imponer otros roles, otras formas de ser mujer guay para sustituir los modelos patriarcales sería lo peor que pudiera hacer el feminismo. Por los motivos anteriormente impuestos y porque el feminismo es una carrera de fondo, nadie se levanta de repente con gafas violeta, es algo que vas descubriendo por ti misma, ayudada por otras personas, de poco a poco. No puedes acercarte a la mayoría de las mujeres tratándolas con condescendencia por el mero hecho de seguir maquillándose o llevando unos zapatos de tacón. Cuando encima esa condescendencia y ese modelo se impone no sólo a la estética sino también a las relaciones personales, con el continuo desprecio a la monogamia, por ejemplo, el riesgo está en no sólo crear desafección sino claro desprecio. Y el feminismo sigue siendo tan necesario o más que antes y necesita llegar al máximo número de mujeres posibles. Pero no con roles impuestos. Tu rol no es mejor que otros si es impuesto. Lo impuesto es simplemente, una mierda. Simplemente, sobra.

Al lugar donde fuiste feliz

Posted in Uncategorized on noviembre 24, 2009 by pintu1303

No debieras tratar de volver, cantaba Sabina en una de sus canciones más conocidas. El sábado lo incumplí y además, por su culpa, porque regrese a ese sitio donde fui extremadamente feliz a verle en concierto. Salí bastante más contenta de lo que imaginaba, que, la verdad, ya era bastante. Afortunadamente no cantó demasiado de su nuevo disco, que después de escucharle ya 5 o 6 veces me sigue resultando bastante flojo, y tiró del repertorio de los grandes temazos. Además, me emocioné y yo no soy, o no era, de esas personas que suelen llevarse por la emoción en momentos así. Vamos, lo que quiero decir es que lloré. No demasiado, tan sólo con el “Y sin embargo” y sobre todo por culpa de “Contigo”.

La ciudad, Salamanca, tampoco parecía haber cambiado demasiado en estos dos años. La que creía que era mi casa ahora mismo dispone de un letrero poco discreto y un monolito en la puerta, pero por dentro, al menos visto desde los cristales, es el mismo rincón de siempre. Estas cosas son así. El mundo nunca se para por nadie y la vida continua estes dentro de ella o no.

¿Y yo qué? ¿qué hay de nuevo desde aquella noche de marzo en la que me dijeron que hiciera las maletas y me fuera con mi música a otra parte?¿en qué he cambiado? Ganas en experiencia, anotas en tu cuaderno de la vida vivencias, unas más dulces que otras  y sigues caminando lejos del lugar donde fuistes feliz. Das quince mil vueltas sobre ti misma y acabas en tu guarida preferida, en el calor del hogar, todavía a estas horas con el dulce sabor de unos labios y el recuerdo de un “Te quiero” que te ha salido de dentro y hace mucho tiempo que no sentias. En ese momento, sabes que has sobrevivido, que se trata de eso y de poder dormir por las noches. Pero no logro entender porque echo tanto de menos aquellas calles, la rutina diaria de leer el periódico en el bar, conocer las voces de todos los jefes de prensa, porque ansio tanto revivir  por un solo momento, ese cigarro de media mañana oyendo las quejas habituales, haciendo las bromas que no por repetidas, te hacían menos gracia.

Simplemente, intuyes que no es culpa de esa felicidad añorada, porque la felicidad ha vuelto. Lo que verdaderamente echas de menos, lo que te duele, lo que añoras, era la piel que vestías entonces, sin cicatrices que lamer, la inocencia de haber vivido siempre en el país de las maravillas, la sonrisa franca que Alicia regalaba cada mañana. Un lugar donde no temías la tormenta simplemente porque pensabas que no existía. Ahora ya sabes que las nubes negras pueden aparecer tras cualquier cortina  y el sabor del amor ya no es el mismo. Ya nada es igual.