Las tías guays.

Yo he sido una chica guay. O mejor dicho, me creía una chica guay. Una chica guay, diferente, nocomolasdemastías. Supongo que por eso y porque hace relativamente poco que me di cuenta del tremendo error y la terrible misoginia que ese concepto esconde que me gusta tanto el personaje de Amy Dunne de Gone Girl. En especial, claro está, el fragmento donde define con justa ironía y un sutil pero encantador desprecio el concepto de tía guay. Ahora estoy leyendo la novela y no sólo mi cariño por Amy sigue intacto sino que ha aumentado considerablemente. En parte porque la novela confirma que Nick Dunne es un completo gilipollas. Pero ya hablaremos más adelante de Nick y los completos gilipollas en otra ocasión.

Amy

Yo me creía una tía guay porque creía hacer cosas especiales que me diferenciaban de otras mujeres. Y eso me hacía, pensaba yo, en una mujer de la que sí valía la pena enamorarse. La perfecta compañera esperando a hacer feliz al macho. Yo veía fútbol. Yo bebía cerveza sin complejos. Yo decía tacos. Yo hablaba de sexo sin tapujos, con espontaneidad, qué liberada estoy, mírame, hazme caso, no tengo nada que ver con esas remilgadas, pijas y repipis pibas que te han rayado, tío. Yo no me enfado si sales con amigos, yo no rechisto, ni te monto pollos, ni te pongo de morros ni te voy a meter en el Zara un sábado a las cinco de la tarde. Yo…yo estoy dispuesta a hacer todo por ti y tú, por tu parte, puedes hacer lo que te venga en gana. Umm. Algo falla. Parece visto con la perspectiva de los años un desesperado y mediocre intento de pedir casito. Efectivamente, lo es. Con los años, obviamente me han seguido gustando todas esas cosas que yo creía que me hacían especial. Sigo ciscándome en el Altísimo más veces de lo que la educación recomienda, no me supone ningún problema hablar de sexo y sigo considerando el fútbol como mi pasión absoluta por encima de todas las cosas materiales. Pero la perspectiva feminista y quizá un poquito de madurez me han hecho darme cuenta que esas cosas no me hacen más especial que nadie y que no hay absolutamente nada de malo en ser una tía que odia el fútbol, no bebe alcohol y se comporta como una dama. Que no hay nada malo en la feminidad ni hay nada especial en la masculinidad es especial ni zarandajas de ese tipo. Y que una pareja es una negociación entre iguales y no, no me voy a cabrear porque salgas con tus amigos (¡Sólo faltaría!) pero a ti, querido, te va a tocar algún sábado, no en el Zara que es un horror, pero igual sí en el H&M. Lo siento, amigo.

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Ese deseo de desmarcarse de otros mujeres esconde una sutil misoginia. Nos han inculcado inconscientemente que lo femenino es un coñazo y lo masculino es cojonudo y esta utlización de adjetivos por mi parte es totalmente adrede. El fútbol mola porque es un deporte muy divertido que arrastra un fenómeno social a su alrededor realmente fascinante. No debería molar porque se asocie tradicionalmente a los tíos. Y Crepúsculo, los grupos para quinceañeras tipo One Direction, las novelitas de Federico Moccia y demás productos comerciales que parecen destinados a mujeres son el mismo fenómeno de masas que otros productos de no muy excelsa calidad pero que no son tan despreciados masivamente porque, claro,  no se destinan para chicas. Que ya está bien de catalogar con condescendencia y desprecio “las cosas de chicas”. De considerar que nuestros deseos, necesidades y problemas en una relación son cosas de locas del coño, rarezas o ganas de complicarse la vida. De considerarnos ininteligibles cuando solo somos personas tan complejas en nuestra forma de ser, fascinantes, porque no somos máquinas, no somos pusilánimes. Somos seres humanos llenos de matices y sentimientos difíciles a veces de descifrar, pero buenos y necesarios. No somos un teorema irresoluble. Tampoco ellos son simples, banales,ni demás tonterías tópicas promovidas por el imaginario colectivo pero absolutamente insultantes para la inteligencia a estas alturas de la vida.  Somos y debemos ser unas tías guays pero es hora de cambiar el cómo serlo.

PD: Tenéis que ver Perdida. Tenéis que leer la novela, escrita por Gillian Flynn, una mujer. Tenéis que amar a Amy Dunne. Adorad a Amy Dunne.

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