Thierry Henry. La ilusión y el esperpento.

El fichaje de Thierry Henry fue uno de los que más ilusión generó entre la masa culé, en los últimos años. Imaginad la situación. El Barça habia buscado su fichaje desde hacía años, incluso cuando no era más que una joven promesa que comenzaba a destacar en el Mónaco ya se unía su nombre al del club catalán. A finales de la temporada 2005-2006 parecía hecho, pero después de perder la final de la Copa de Europa,  contra precisamente el Barça, el galo juró fidelidad al Arsenal y dijo que de allí no se movía. El amor eterno le duró un año y a pesar de los lloriqueos post París, llegó a Barcelona y fue recibido como un sueño hecho carne, piel y botines de futbolista. Hacía tan sólo unos días que Tamudo había provocado un paro cardiaco en el Camp Nou y el Barça perdía una liga, de una manera que todavía hoy muchos no logramos entender. Así que era natural que la gente se ilusionase con uno de los mejores delanteros de los últimos años. Los dos primeros años de Titi en Barcelona fueron horrendos, en medio de una casa de locos y del hundimiento apocalíptico de un Barça, el de Rijkaard y Ronaldinho, que parecía predestinado a marcar época y que, como los momentos más bellos de la vida, duro un instante y medio. Este año lleva 20 goles y 8 asistencias. Ya no es el que era, pero forma parte de la mejor tripleta de Europa, el Barcelona es favorito indiscutible en la Liga y la Copa del Rey y jugando como contra el Málaga el pasado domingo, la Copa de Europa es un poquito menos sueño y un poquito más realidad. Escribí un pequeño texto, allá por la época de su fichaje. Le comparé con Chivu, el defensa que, entonces, volvía loca a media Europa. Y hable de ilusión. Y tras los dos primeros aciagos años, me alegro muy mucho de que Henry esté haciendo las cosas bien. De que la ilusión haya ganado al esperpento.

Escrito el 6 de julio de 2007

LA ILUSIÓN Y EL ESPERPENTO

Entre 30.000 y 40.000 personas aclamaron a Thierry Henry, nuevo fichaje azulgrana, el día de su presentación. Era el final feliz para una historia de encuentros, desencuentros y coqueteos que arrancó hace cuatro años con la victoria en las elecciones del F.C. Barcelona de Joan Laporta. Titi Henry era el sueño casi imposible del presidente culé. Lo quiso hace cuatro años y a punto estuvo de tenerlo en el 2006, pero una final de Copa de Europa y un repentino arrepentimiento lo impidieron. Genera algunas dudas el fichaje del francés. Le quedan pocos años y su estado físico causa preocupación. Pero Henry viene a Barcelona dispuesto a triunfar a lo grande. Se marchó con cariño de Londres para vivir la ilusión de una Copa de Europa, de grandes títulos. El mejor jugador que jamás ha ganado un Balón de Oro tiene todavía hambre y sabe que este último reto es, sin duda, el más apasionante y difícil de su vida. De momento, y hasta que comience a rodar el balón, el Barça y sus aficionados contemplan con ilusión lo que puede ser el francés en el Camp Nou. Si sale bien, Henry será el perfecto galán para un teatro ávido de talento.

El otro protagonista de este verano está siendo Fernando Torres. Ha dejado el amor de su vida para intentar encandilar a una novia inglesa que vive en un estadio mítico y cuenta con una hinchada fiel, entregada y copropietaria de uno de los himnos más bellos del mundo del fútbol. Se va porque tiene todo el derecho del mundo a querer inscribir su nombre en el libro de grandes mitos del fútbol. Se va, después de hacer lo humanamente posible por el Atlético, al que quizá le vendrá bien dejar la dependencia por el delantero. Cuando Fernando pise por primera vez Anfield, gire y divise The Kop, sentirá en su estómago el hambre del ganador y la ilusión de un triunfador.

Thierry y Fernando no son hermanitas de la caridad, no se han ido gratis a Barcelona y a Liverpool. Cobrarán muy bien. Pero les mueve también la pasión, las ganas de convertir su nombre en leyenda y ganar títulos, muchos títulos. Ambos son los fichajes bomba de este verano. Nada indica que vaya a haber algún otro de ese calibre, salvo que de tanto ir el cántaro a la fuente, Calderón consiga a su añorado Kaká. Pero el culebrón del año, el folletín interminable, el fichaje que nunca se concreta, tiene nombre y apellidos: Cristian Chivu, central, de momento, de la Roma.Cristian es un buen central, algo tocado por las lesiones pero de aparente gran futuro. Tres grandes clubes le quieren. El Inter de Milán, que cuenta con un buen proyecto y que ha ganado de manera apabullante el Scudetto de este año. Ahora, el Inter deberá afrontar por enésima vez la asignatura europea que se le atraganta desde hace más de 40 años y que adquiere tintes dramáticos si se compara con el vecino de enfrente, el Milan, que se convierte en fijo de finales de Champions ante la desesperación de su eterno rival. Además, la serie A volverá a contar con una Juventus con poco dinero y arrastrando penas pasadas pero todos sabemos que la Vieja Dama cuando está herida, muestra más mal carácter y se torna más peligrosa. También suspira por el rumano el Real Madrid, campeón de Liga. Cuando uno juega en el Real Madrid, puede decir con orgullo que no puede aspirar a más. Que ha tocado techo, que defiende la camiseta del mejor club de la historia. Un club dispuesto a pagar los 18 millones que cuesta el central, según la Roma. El tercero en discordia es el Barcelona. Con un proyecto claro y definido que apuesta por el fútbol espectáculo. Cierto que el descalabro de este año es de los que duelen, pero con la mejor delantera jamás soñada en Can Barça, y si se corrigen vicios del pasado, todo parece indicar que a este Barcelona le queda mucha guerra que dar.

Tres históricos, tres equipazos, tres entregadas y exigentes aficiones, tres retos deportivos. Cualquier niño que esté jugando ahora en la calle, daría media vida para que alguna vez uno de esos tres clubes pensase en él. Pero a día de hoy, miércoles, 5 de julio, la última hora es que Chivu permanecerá en la Roma, porque ninguno de esos clubes pretende pagar la exagerada comisión de sus representantes ni el salario del jugador. Mientras Torres y Henry generan ilusión y esperanza, Chivu provoca desquiciamientos colectivos y aturdimiento compartido entre tres aficiones, que como dice el refrán, mal de muchos, consuelo de tontos. Y es que el fútbol es una locura ilusionante, como la de Henry y Fernando, no un esperpento desquiciante, amigo Cristian.

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