El cuarto poder

Creo que no tenía mas de diez años cuando decidí ser periodista. La razón fue un poco banal, realmente. Me gustaba el fútbol y me gustaba Carrusel Deportivo.

Para una niña de diez años el trabajo de periodista entonces no significaba más que seguir al Barça y pasárselo tan bien como parecían pasarselo Paco González y compañìa. Con el paso del tiempo y a medida que me fui haciendo adulta descubrí que el periodismo era la profesión más bella del mundo por mil razones y que, quizás, la menos importante era echarse unas risas mientras ves un partido del Madrid. Dentro de esta profesión, siempre he sentido debilidad por los corresponsales de guerra y hoy, por casualidad, estaba leyendo el blog de Ramon Lobo , periodista que en 17 años de profesión ha estado en Irak, la antigua Yugoslavia, Palestina, Congo, Kenia, Ruanda, Filipinas, Nigeria, Guinea Conakry y un largo etcétera repleto de vivencias y excelente reporterismo. Ha publicados dos libros, uno de ellos, El Héroe Inexistente, lo lei en la Facultad y forma parte de esas lecturas que se te clavan en las entrañas y nunca olvidas.

Hoy leía en su blog un artículo aparecido en 2005 sobre Níger, que podeis leer aqui. Un artículo fascinante, del que me quedo con este párrafo:

“Naciones Unidas solicitó ayuda internacional urgente por valor de tres millones de dólares. Era febrero de 2005, pero casi nadie respondió; los donantes estaban concentrados en la catástrofe del tsunami asiático, donde habían muerto decenas de turistas occidentales. La tragedia africana, sin la presencia de cámaras, era un desastre de segunda. Seis meses después llegaron a Occidente las primeras imágenes de niños famélicos, y en 10 días, Níger, Malí y Burkina Faso recibieron más alimentos que en los ocho meses precedentes.”

A veces me preguntó porque estudie Periodismo, a veces me cabreo ante el sensacionalismo y amarillismo que domina esta profesión pero gracias a gente como Ramón Lobo me reconforto y me enorgullezco de mi título. Porque somos el cuarto poder, porque la decisión de mostrar o no una guerra en televisión puede provocar que Níger, Malí y Burkina Faso reciban más alimentos y se puedan salvar más vidas. El cuarto poder es un poder de doble cara, peligroso en manos de malos profesionales, injusto cuando se da más importancia a una guerra que a otra, cuando una muerte vale si en ese país hay petróleo o no, cuando una desgracia se magnifica si las víctimas son occidentales y se ignora si son negritos o amarillos. Pero en buenas manos, el periodismo puede hacer mucho por cambiar este mundo y esta sociedad. Este es el sueño que algunos perseguimos y que gracias a corresponsales como Lobo, creemos que se puede cumplir.

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