En la hora de la muerte

Te odio. Por muy duro o muy increible que le resulte a la gente te odio. Y más odio que después de tantos años, que después de haber admitido la dura realidad, aun seas capaz de arrancarme lágrimas. Lágrimas que te perdonaba cuando tenía una constante que me ataba a este mundo. Pero ahora estoy perdida y no puedo escapar. Porque unos señores de Wall Street han decidido que ahora nos toca recesión o porque es cierto aquello que estudiaba de que la economía va por ciclos o por razones que se escapan a mi comprensión, motivos que solo son entendibles por señores con corbata que saben lo que es el triunfo. Ahora estoy perdida y no puedo escapar, porque no tengo unos brazos que me arropen, ni unas palabras que borren todo el veneno que eres capaz de vertir. Una ponzoña que es incapaz de irse de mis venas, porque soy incapaz de dejarme querer porque tu me has convertido en este ser vulgar, torpe e insignificante. Dicen que sólo duele la primera. Es falso. Cada una de ellas se clava en tu corazón tan hondo que ni siquiera eres capaz de creer como puedes seguir sonriendo, como no has perdido definitivamente la cabeza o como puedes desenvolverte de una manera más o menos normal. Como ser feliz cuando no hacen más que acompañarme el miedo, la sensación de defraudar, como ser feliz cuando creer que no mereces serlo. ¿Como puedo querer yo a alguien cuando en cualquier gesto quiero ver una sombra, un negro final, una lanza clavada en el alma? Eso es lo que me has enseñado tú. A bajar la cabeza, a odiar mi imagen en el espejo, a esperar sólo odio y tristeza de mis semejantes, a escupir sobre mi rostro. No te sirve solo con vivir encarcelado en la amargura, tienes que joder a los demás. Los que queremos amar y escribir y reir y pasear atardeceres en una playa. Tienes que hundirnos, paso a paso, detalle tras detalle, incluso cuando estamos al borde del abismo te situas enfrente para darnos el empujón. ¿Que cura se vende para combatir la maldad que vive a tu lado?.  Vete de mi vida, que solo quiero andar sin temer al ruido. Que sólo quiero ser feliz.  Dejame vivir. En la hora de la muerte, te pasaré la factura de aquella frase, esas palabras que describieron mi cuento de hadas en un abrirse de piernas. En la hora de la muerte, te pasaré la factura, de aquellas escaleras bajadas presa del pánico, donde la calle desconocida era el refugio y mi casa el infierno fracturado. En la hora de la muerte, la paz colmará mi vida.

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4 comentarios to “En la hora de la muerte”

  1. Este texto no es de recibo.

  2. pintu1303 Says:

    Cosas que pasan xd

  3. monica, no había visto tu blog aún!!!!! estoy sorprendida.. 🙂
    te reflejas en él???
    la vida son ciclos, q nos hacen valorar los siguientes, y así consecutivamente…

  4. pintu1303 Says:

    Pues si. Te explico, el blog serio es el de Bitacora, que lo tengo abandonado y tal por lo el proyecto y los 150 trabajos que tenemos que hacer xd, pero este es más diario personal que otra cosa, al principio mi idea aqui era hablar de todo lo que me gusta y tener otro serio para hablar del periodismo y me he quedado con este en plan paranoias y el otro serio..,cosas que pasan ajaja

    pòr cierto, a ver si te linkeo y tal xd

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