Introspección

Llevo dos días, cuatro borradores y tres hojas arrugadas, queriendo escribir sobre Roma. Estuve en la capital italiana hace cuatro años y entre esas calles pase alguno de los mejores momentos de mi vida. Ya antes, cuando tan sólo era una ciudad imaginada era mi favorita y siempre lo será. No es que sea la ciudad más bonita que he visto en mi vida, ya que ese honor corresponde a la grandiosa París, pero Roma es especial. Y es especial porque creo que en la vida de cada persona hay un momento en que tenemos que comenzar nuestro viaje iniciático. Un día, un suceso, una curva en el camino en el que descubres la persona que eres y comienzas a asimilar el camino que quieres andar. Y mi viaje, aun inacabado, se inició en una semana lluviosa de febrero de 2004. E imborrables son los momentos vividos allí, formando un puzzle que siempre me arranca una sonrisa.  Es un collage que habla de una estación, de una fuente mágica, de una colina, de un camarero simpático que confundía mi grabadora con una cámara fotográfica. Todavía recuerdo el olor de la ciudad, las caras de la gente, las veinte mil camisetas de la Roma que vi (los del Lazio, debían estar escondidos, yo también haría lo mismo). Roma, la ciudad eterna, es la reina de la vidas paralelas. Roma, el principio de las cosas, es alocada, rara, misteriosa como lo son cada uno de mis pasos. Se han escrito sobre ella millones y millones de páginas, no mecesita sobrenombres ni adjetivos que ya están gastados de ser utilizados. Pero, en cambio, no sé que decir de ella. Siempre presente y siempre inadvertida. Y no sé que contar de ella. Quizás aquel camarero, de aquella noche de sábado, tenía razón y lo que pasa en Roma se lo lleva el viento. Quizás yo esperaba un huracán y tan solo fue una brisa, que se llevo lo importante y sólo me dejo un boceto interrumpido.

Si vienes a ver, si posas la carne en la piedra y el alma en el espíritu, no llores ni llames al arrepentimiento, que tras esta puerta no hay final.

Si acaricias con los pies, si caminas con los dedos, no huyas ni escapes, que en este soplido sólo hay ganas de volar.

Si sientes la espalda calada y cubres con sudor sábanas ajenas, no agotes ni mientas, que en esta llama prendida no hay agua que la extinga.

Si huecos descubres, si tiendes caminos, no arrojes la moneda ni rompas el cristal, que en esta calle no hay cura para el dolor.

Si notas un presentimiento, si oyes un rumor taquicárdico, no niegues ni olvides, que esta ciudad es eterna y lo que pasa aquí no se lo lleva el viento.

Anuncios

2 comentarios to “Introspección”

  1. Joder, me has envuelto por momentos en el ambiente de la capital italiana

  2. pintu1303 Says:

    Jo, q cosas más bonitas me dices Fati xd

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: