Florencia
Hay amores eternos que duran lo que dura un corto invierno
JOAQUIN SABINA
En el corazón de Italia se erige imperturbable desde hace siglos la ciudad de Florencia, cuna del renacimiento, o lo que es lo mismo, estamos hablando de la capital mundial del movimiento de renovación cultural y de pensamiento más importante de la historia de la humanidad. Y estamos hablando de una pequeña ciudad, cuyo casco histórico te lo recorres en dos días. Un pequeño lugar donde en tan solo cinco minutos puedes visitar las tumbas de Dante, Maquiavelo, Galileo y Miguel Ángel. Una ciudad de colores donde he visto el mejor atardecer del mundo. Florencia es ajena a la grandiosidad de París, a la eternidad de Roma o al bullicio de Madrid. Su belleza es de encantos sutiles. De ese tipo de cosas que si son breves son mucho mejor. Tan sólo el David, el bellísimo David de Miguel Ángel, rompe el esquema y se alza gigantesco, dominando la Academia, vigilándote desde su sabiduría de siglos haciéndote sentir pequeña, insignificante, un punto sin importancia en el universo. Pero a la vez te hace sentirte mejor, te reconcilia con el ser humano, si de las manos de alguien de nuestra especie salió tremenda belleza, es que tan malos no somos. Viendo la absoluta perfección de las venas de esa mano de mármol, hasta piensas que los Karadzis del mundo son la excepción y el fallo típico de toda maquinaria perfecta.
Pero haciendo honor a mi signo del zodiaco, el acuático piscis, como casi siempre me quedo como rincón favorito algo relacionado con el agua y acabo de declarar mi amor eterno al Pontevecchio, a ese plagiador de canciones y a ese atardecer que jamás olvidaré. ¿Cuánto dura un atardecer?¿Cuántos minutos transcurren hasta que el sol se oculta? Es algo breve, escondido en las largas horas de un mundo que no se detiene un segundo. Como Florencia, un dulce y pequeño placer. Hay amores eternos que duran lo que dura un corto invierno. Hay instantes, momentáneos como un suspiro, que valen más que toda una vida. Hay ciudades, que en realidad y más allá de su extensión, son más grandes que la eternidad que las acompaña desde el principio de los tiempos.

Septiembre 10, 2008 a 2:17 pm
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