Yo soy español
Todo lo que sé sobre la moral de los hombres, me lo enseñó el fútbol
ALBERT CAMUS
Los españoles hemos aportado nuestras cosillas al progreso y bienestar de la humanidad. Hubo una vez que en nuestro imperio no se ponía el sol y a consecuencia de eso, hay 400 millones de personas, hoy en día, hermanadas por la misma lengua, el español. Hemos inventado la siesta, el futbolín y hay más bares en una calle de Madrid que en toda Noruega. No se vive mal en España, a pesar de ser los inventores de las Olimpiadas de la Especulación.
Pero realmente, entre que ibamos conquistando el mundo, nos daban algún Nobel o viviamos el Siglo de Oro de las letras, el pasatiempo favorito de los españoles ha sido y es destrozarse los unos a los otros. Es la España cainita, envidiosa e intolerante que retrata y despedaza Arturo Pérez Reverte en muchos de sus artículos y que, para mérito suyo en este mundo de maniqueismo y apariencias, le genera el odio de personas de toda clase y condición. En la Guerra Civil nos desahogamos de lo lindo y por fin, hicimos lo que queriamos hacer desde hace tiempo, matarnos unos a otros. Esta afición ya la hemos dejado porque estamos en Europa y tenemos banda ancha y hacemos cola para conseguir el Iphone y claro, ya no estamos para esos trotes de bombas y metralletas y fusilamientos a primera hora de la mañana. Más de 30 años de transición nos han enseñado a comportarnos más o menos bien, hemos logrado una posición económica envidiable en mucho tiempo y hoy en día, es raro la faceta o sector donde no esté un españolito triunfando.
Pero cuando sale en televisión el diálogo del PSOE con ETA, cuando Xavi e Iniesta llevan la bandera española de sus medias doblada o cuando hay cualquier mínima polémica con la bandera, el idioma de alguna región o el último estatuto aprobado, es entonces, cuando volvemos a tener Dos Españas, cuando se pone de moda no respetar al contrario w insistimos en ofrecer nuestra mejor versión cañi y paleta. En este país, no se lleva una bandera sin que le llamen a uno facha y tenga que ir pidiendo perdón y aclarando que no fusila rojos en sus ratos libres. En este país, la derecha se ha apropiado de los símbolos patrios y la izquierda ha hecho poco por impedirlo. En este país, todavía no se respeta que el gallego, el catalán y el vasco se merecen el mismo respeto que el castellano. Así llevamos toda la vida y así seguiremos.
Pero durante un mes, un equipo de fútbol ha propiciado que se vuelvan a sacar banderas y que se cante con orgullo: Yo soy español. Y que se vea de la forma más normal del mundo. Hay rojigualdas en los balcones, hoy juega España la final de la Eurocopa. Hasta he visto a gente que nunca había hecho alardes de patriotismo, colgar la bandera con orgullo de la terraza de su casa. Ni los políticos, ni la transición, ni la lengua, ni las leyes, nunca se había visto a este país tan unido y tan feliz. Gracias a 22 jugadores. Lo ha hecho el fútbol. Luego dicen que el fútbol es un entretenimiento vanal.
El gol de Torres provocó esta foto, una de las más bonitas que he visto en mi vida:
